Yoga-Nidra y más:

El viaje más largo,
paradójicamente el más corto de los viajes.
El más osado.
El viaje más precioso.
El gran viaje de regreso a Casa.
Al aventurarnos en él, emergerán en el camino, sin remedio, luces y sombras que van siempre de la mano. Encontramos “monstruos” propios, dificultades, resistencias, el gran temor de una parte de la psique a desvanecerse: la insoportable levedad del ser.
Nos confrontan equipajes que tanto pesan sin saberlo, sin notarlo. Encontramos equipajes para abandonar. Pesos pesados del presente. Los que se forjaron en la infancia: infinitas capas protectoras que, con el tiempo, se adhirieron a la piel convirtiéndose en grávidas máscaras de plomo. Pesos del tiempo intrauterino: del bebé en ciernes, especie de anfibio; de la madre que lo contiene; del entorno externo aún ajeno. Pesos que se arrastran del linaje, de tantas y tantas almas que nos precedieron en esta aventura a Ítaca.
El viaje a la profundidad del Ser es un viaje solitario. Una ardua tarea de mirarse al espejo y ver en el propio rostro la mancha que se quería ver en otros.
s un descubrimiento fascinante.
Paisajes que duelen, sí; paisajes que también provocan enorme placer inusitado. El placer de entrever destinos lejanos ausentes del tiempo y el espacio. El placer de descubrirse leve y ligero en el fondo. El placer de la liviandad del vacío… a pesar de temores e incertezas. El placer de cada paso hacia Lo que es Presente. De rendirse ante la Vida, relajarse.
Que el camino sea largo…